• Reflexion

    Posted on November 19th, 2010

    Written by ernesto

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    Apocalipsis 5:1-10 nos da un “canto celestial”: “Tú has hecho de ellos un Reino sacerdotal para nuestro Dios, y ellos reinarán sobre la tierra”. Esto no se refiere sólo a los sacerdotes del clero. Cuando todos nosotros fuimos bautizados se nos nombró como SACERDOTES, PROFETAS Y REYES.

    Por el Bautismo, tú y también yo (hombre o mujer bautizados) tenemos el título de SACERDOTE de PROFETA y de REY. Sí, es así, aunque suene extraño. Si eres bautizado, eres REY, también SACERDOTE, y por supuesto que eres PROFETA.

    El Catecismo de la Iglesia Católica, párrafo #1591, explica: “La Iglesia entera es un pueblo sacerdotal. Por el bautismo, todos los fieles participan del sacerdocio de Cristo. Esta participación se llama “sacerdocio común de los fieles.”

    Jesús es el Sumo Sacerdote. Con él, todos nosotros debemos estar ofreciendo sacrificios por el reino. Y todos tenemos un ministerio de orar e interceder por los demás, aun con lágrimas a veces, como vemos que lo hace Jesús en Lucas 19:41-44. Con Jesús, nosotros lloramos por los que están frente a dificultades, y que todavía no han entregado sus vidas a Dios: “Si sólo supieras lo que causa la paz. …” Este sacerdocio de lágrimas es un compartir de la Pasión de Cristo.

    El párrafo. #1547 del Catecismo dice que “El sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio común, en orden al desarrollo de la gracia bautismal de todos los cristianos”. Los sacerdotes y el laicado somos juntados; y en pareja la carga es fácil y ligera, porque el trabajo es reducido cuando es compartido. Cuando cada uno de nosotros, el clero y el laicado JUNTOS, compartimos nuestros regalos y los talentos, se logra mucho más y se trabaja con más energía que cuando servimos a Dios separadamente.

    Cuando sacerdotes ordenados prosperan en su ministerio, el sacerdocio común del laicado florece, e igualmente, cuando el laicado es autorizado por el clero a utilizar sus talentos y las habilidades libremente en la Iglesia, el sacerdote también florece. La mayoría de las vocaciones al sacerdocio vienen de encontrar a sacerdotes que prosperan en amor del sacerdocio común a quienes sirven.

    Trabajando juntos en el sacerdocio de Cristo, no hay escasez de vocaciones. Nosotros quizás no tengamos suficientes sacerdotes ordenados para llenar cada parroquia, pero nuestro Señor es un Dios de holgura. El proporciona lo necesario, no por medios individuales, sino, por medio de la comunidad. Cada necesidad puede ser cumplida si el clero religioso y el laicado sirven juntos, unificados en el sacerdocio de Cristo.

    Dónde hay insuficiencia en conseguir trabajadores para El Señor, es porque el laicado todavía no ha aceptado completamente su propio llamamiento al ministerio y/o sus pastores todavía no completamente los han autorizado (o los han autorizado pero después bloquearon su potencial tratando de controlarlos). Los sacerdotes ordenados están más libres para llevar a cabo la misión de sus Sagradas Ordenes cuando el laicado está libre para utilizar los regalos que Dios les ha dado a ellos.

    ¿Has estado orando para un aumento en las vocaciones? Dios SI está contestando esa oración – y tu formas parte de la solución. Nosotros no solamente podemos orar por ello; Dios está tocándonos a cada uno de nosotros en los hombros y dice, “Bien, TE estoy llamando a TI, también. ¡Apúrate! Trabaja con el resto de las personas sacerdotales”.

    Reflexión de Las Buenas Nuevas
    Jueves de la Trigésima Tercera Semana del Tiempo Ordinario
    18 de noviembre, 2010

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